La proyección del autor en los textos literarios.
Por Pável Pantoja
¿Por qué elige un autor escribir lo que escribe? ¿Por qué se dice que hay tantos estilos literarios como personalidades (Ayala, 1996)? Surgen algunas dudas al respecto ¿Existirá una razón detrás de las elecciones del escritor? O tal vez sólo se escribe meramente lo que vemos afuera. O realmente son simples coincidencias los temas y las concordancias con la personalidad del autor.
Como justificación he elegido el presente tema por que relaciona la psicología (Carrera que estudié), y esta nueva empresa a la cual he decidido adentrarme, que es la escritura. Hablando del autor y su personalidad trataré de conciliar ambos estudios de alguna forma.
Empezaré por definir ciertos términos. Según Sigmund Freud la proyección es un mecanismo de defensa de la psique que nos hace atribuir ciertas características propias a otras personas u objetos; Entonces la proyección es reflejar la personalidad en alguien o algo. Este mecanismo de defensa en el arte a veces es claro y generalmente se suma a otro mecanismo llamado sublimación, el cual nos ayuda a verter la ansiedad psíquica hacia algún arte o algo productivo en pro de la sociedad y que no ejerce daño sobre nosotros, la mejor manera de liberarse de la ansiedad y la más benéfica. Los escritores realizan conjuntamente dichos mecanismos, al mezclar la proyección en sus obras (reflejando consciente e inconscientemente su personalidad) y la sublimación liberando esa ansiedad dañina hacia un bien propio y/o humano (Freud, 1916-17). Aunque también podemos ver la angustia como energía acumulada, que de todas formas busca una forma de salir, no precisamente es dañina, aunque Freud lo ha manejado de esta forma.
Por qué habrá escogido el autor cierto tema, lo podríamos relacionar con su vida siendo una clara concordancia, a veces ni siquiera importa, porque la obra refleja a la sociedad y entonces podríamos dejar de lado la vida o la personalidad del autor, importándonos más el contenido potencial de la obra. Aun así surgen ciertas dudas acerca del trasfondo de algunas obras, tal vez nos sirvan para entender mejor la obra, dependiendo del enfoque que estemos utilizando y los cuestionamientos que necesitemos responder o la línea que escojamos de investigación, por la cual nos queramos dirigir, tal vez podamos utilizar este estudio para hacer una revisión mayor del aporte de la obra y sus raíces, o para entender el proceso creativo del responsable de la obra.
Nos podemos encontrar con dudas al respecto, ¿existe e importa la proyección? y así mismo ayudarnos con ciertas pruebas que la psicología lleva haciendo años, el análisis de la personalidad, en su acercamiento con pruebas proyectivas. Estas versan acerca de dibujos o pequeñas historias, con instrucciones claras y bien delimitadas. Después de ser llevadas a cabo por los pacientes pueden ser analizadas e interpretadas por los “expertos”, logrando encontrar varios rasgos de la personalidad. Analizándose desde los trazos de los dibujos, la fuerza con que fueron hechas éstas, por dónde se empezó a esbozar, si se borró en varias ocasiones o nunca. En las historias se observa su congruencia, su principio, desenlace y desarrollo, la letra, en qué tiempo y persona está escrita la historia. Si seguimos las instrucciones. Prácticamente cada movimiento realizado en la hoja por el lápiz y lo que se muestra en el papel en blanco es susceptible de ser analizado e interpretado según ciertas normas.
Sin embargo en dichas pruebas las instrucciones están bien delimitadas, en una hoja de papel, en un tiempo y momento, esperando algo en particular. Las pruebas están estandarizadas, con un método y sistema científico que las avala. Y que se corrobora con las entrevistas realizadas a detalle, con las personalidades de los pacientes. Está aprobada la relación que existe entre los resultados de las pruebas y los rasgos de personalidad del paciente, hay una gran correlación. Esto en el arte es diferente, porque es “completamente” libre y no hay una delimitación de la tarea, por lo cual es mucho más complicado realizar una interpretación de las obras.
En lo particular, y basándome en estudios psicológicos que hablan del lenguaje corporal (Vayer,1995), la firma o la letra (grafología) me atrevería a decir que nuestra vida se compone de proyecciones, como diría Pfeiffer (en su libro La poesía 1946) se deja ver nuestra verdad interior durante lo largo de la vida por medio de “chispazos”, y para mí esos chispazos van desde la vestimenta, el peinado, modismos en el lenguaje, entre muchos otros atisbos de la personalidad que mostramos con cada acción e inacción.
Estas pruebas atraen la atención, algunos dicen que es como una adivinación o puro esoterismo (aunque algunos desafortunadamente lo usan de esa manera). La verdad es que se han seguido todas las pautas científicas, con métodos de investigación precisos y con resultados que sobrepasan los niveles estadísticos significativos, son cuantitativas y normadas. Se corroboran con las entrevistas a detalle, con las historias de los pacientes y su forma de actuar en general.
Ahora hablemos de la proyección en la literatura. Es algo inseparable de la escritura, el porqué de nuestros gustos y temas, nuestro acercamiento, nuestras preferencias entre un tipo de texto y otro, tiene que ver con nuestra historia de vida. Y en el caso de los autores, siempre llevan sus publicaciones algo de ellos ya sea parte de su vida o experiencia, parte de sus gustos, obviamente conocimiento y personalidad. El conocimiento incluye lugares donde hayan estudiado, maestros por los cuales hayan optado, libros que les hayan agradado, teorías y creencias que les hayan interesado, nombres que se deciden para los personajes, es algo que les atrajo algo de ellos que plasman en las hojas. Todo esto el autor lo proyecta en el libro, proyectando (Manifestándose) de la misma forma parte de su personalidad, por eso se dice que hay tantos estilos como personalidades, porque realmente hay parte de ella en nuestros textos, desde el tema que elegimos hasta el punto final.
Sería tonto pensar que el autor no se da cuenta de esto, incluso, más bien la audacia, el ingenio y la maestría de éstos tiene que ver en cómo puede proyectar lo vivido, lo aprehendido, lo suyo en una hoja de papel, con una gran técnica y doblando su propia realidad, modificando parte de su personalidad. Claro que el autor se da cuenta de esto, y es parte inherente de la escritura. No obstante hay algo más, algo más profundo que a veces no es la intención del autor reflejar. Hay algo que no se pueda esconder, o doblar tanto, algo que lleva impregnado su aroma, una firma invisible, y es una proyección inconsciente, esa parte de la personalidad que como huellas digitales quedan en la hoja de papel aun usando los guantes de la imaginación. Donde alguien con mucha pericia puede ver si el autor tiende a la esquizofrenia y no sólo es imaginación, si es o era alcohólico o drogadicto, si es obsesivo aunque escriba del desapego, depresivo aunque sus personajes terminen felices, ese algo que no tan fácil puede ser visto. Pfeiffer lo menciona al hablar de la traición por la falsedad de tono. “Es que no se puede engañar al lenguaje, éste posee en sí una fuerza sentenciadora”. Existen diferentes detectives de la personalidad, como psicólogos, expertos en el arte, críticos de poesía o algunos analistas de esa índole.
Estos profesionales anteriormente citados, han desarrollado diferentes técnicas al respecto. Buscando rastros genéticos de la personalidad en cada línea y como forenses analizan el papel para ver con que temperamento fue impreso, para desvelarlo. Logrando, por ejemplo, descubrir, aún sin tener nombres, al culpable hasta encontrarlo, de una obra que parece ser anónima. El autor queda desenmascarado, a pesar de los años muertos, y esto lo podemos ver en la pintura, escultura, en casi todo, pero enfocados en el arte y en la literatura, así lo han realizado. Se puede de esta forma saber si es de dicho autor o no, si es una copia, por líneas y trazos, colores y materiales, temas, entonación, prosa, metáforas y referencias a la realidad, todo esto son pruebas que se utilizan para descubrir al responsable de la obra o al impostor. Así como qué es lo que quería mostrar el autor, o que mostró tal vez sin ser la intención primera. Así podríamos hablar de varias intenciones.
Ejemplos de esta proyección que el autor hace de una manera muy clara las podemos ver a lo largo del tiempo, por ejemplo David Copperfield de Charles Dickens, donde prácticamente es una autobiografía en ficción, y es reseñada como la más autobiográfica de sus obras, notando que en otras obras lo ha hecho, pero en ésta es muy clara e implícita. Pero más allá, podríamos citar muchos ejemplos claros de autobiografías claras o ligeramente disfrazadas como Marco Aurelio con su libro “Meditaciones” que se encuentra sesgado completamente con contenido de su vida; San Agustín y su texto “Confesiones”, nace el género de autobiografía religiosa, ampliamente explotado en el renacimiento debido al antropocentrismo, como ejemplos Bernal Díaz del Castillo, Santa Teresa de Jesús; autobiografías del romanticismo, cuya obra destacada es la de Jean Jacques Rousseau y también la de Benjamín Franklin.
Pero esto es lo claro, sin embargo la proyección aporta más de lo que es a primera vista aparente por ejemplo para comprender una poesía, los expertos, críticos y analistas, tienen que saber parte de la vida del autor, aunque algunos expertos pueden saber a qué se refieren basándose en la poesía del momento del autor o en el estudio de la poesía en general. Aún así muchos estudiantes de poesía tienen que leer varias obras del autor, corroboran la obra con la vida de éste y muchas veces se basan en ello para confirmar lo que dicen. Estudian el medio donde se desarrolló, su tiempo, el estilo que usa, las metáforas, todo puede tener que ver con rasgos que el poeta posee y con lo que quiere decir, por eso se toma de punto de partida. La mayoría de los analistas de las obras de los escritores conocen la vida del que lo escribió, como parte inseparable de su análisis y crítica de la obra.
Podemos aumentar algo que dice Pfeiffer en su libro la poesía, primeramente cita a Heidegger que dice que habla de la fuerza reveladora del temple de ánimo, y luego a Jaspers que menciona la virtud iluminadora. Al citarlos hace referencia a la idea de la poesía referente al temple de ánimo y él dice que en la poesía a pesar de que se esté hablando del perdón puede ser que el autor refleje su idea vengativa sin siquiera mencionarla, o podemos hablar del romance y el amor a una dama mostrando realmente hartazgo y simple cursilería.. El expone que el temple de ánimo “pone de manifiesto lo que ocurre en lo más profundo de nuestro ser; el temple de ánimo nos coloca ante nosotros mismos, traiciona algo de las secretas profundidades de nuestra verdadera situación” (p. 51 La poesía) y que por esto posee una verdad interior, porque el temple está presente en las líneas y también la veracidad y autenticidad con que fueron escritas. Entonces se puede saber incluso si alguien miente sobre su tema, no lo siente o sólo lo está escribiendo por escribir, sin más, todo esto se pone de manifiesto en unos cuantos versos, en unas cuantas estrofas. De nuevo debemos tener en claro que es lo que necesitemos, cual es la línea de indagación a la cual nos interese adentrarnos, porque, o bien, podríamos interesarnos en una biografía, tanto como el proceso creativo o el estudio de la obra en contexto, incluso, las repercusiones de la obra aislada, entre muchas otras posibilidades, de esto dependerá nuestro interés en la vida del autor, tanto como el reflejo de su personalidad en la obra o específicamente la obra en sí.
Para hablar de la muerte del autor tenemos que tomar esto en cuenta, notoriamente lo podemos extrapolar, lo podemos interpretar de mil maneras, de mil puntos de vista diferente, pero muchas veces se recurre a las vivencias del que realizó la obra, porque puede desentrañar mucho de lo que no está explícito, nos sirve para leer entre líneas e incluso para ser más objetivos, o corroborar las interpretaciones hechas. Tenemos que tener en cuenta el estudio de dicha proyección, porque si bien nos puede ayudar, de igual forma nos puede confundir e incluso desviar, por eso la importancia de la correcta indagación de la personalidad, de la forma más profesionalmente posible y sin olvidar el objetivo de estudio. Sin embargo tal vez la trascendencia del escrito va mucho más allá de lo que su autor quería decirlo logró decir mucho más allá de sí mismo, y teniendo eso en cuenta es como lo podemos separar. Tal vez porque no importa lo que quería dejar el autor, sino lo que en realidad dejó, el impacto que tiene en la realidad y en la sociedad. O la posibilidad del autor para lograr, desde su personalidad, con ella o en contra, reflejar la verdad íntima o la realidad en sí a través del arte, mejor que muchos teóricos inclusive.
No obstante, tampoco vale creer que el autor es igual al texto. No significa creer que conociendo la vida del autor podemos ver los alcances de su obra e interpretar el contenido con ella. Es difícil hablar de la muerte del autor por completo, digamos que está “medio muerto”. Habrá situaciones en que nos importe el marco de referencia en el cual la obra fue escrita, tal vez su contexto, las circunstancias que lo rodeaban y el mundo en el cual vivía, recurriendo a su relación del medio ambiente, social, histórico que incluya la noosfera en la cual estaba sumergido el autor. Pero es que en realidad una obra literaria puede condensar un momento histórico en un una novela, pronosticar el futuro por medio de ciencia ficción en un cuento o sintetizar la realidad y el momento histórico en una estrofa. La obra literaria en este aspecto, gracias a la maestría del autor, al trabajo, estudio, atino, observación entre una multiplicidad de factores, gracias a una serie de circunstancias muy diversas puede explicar, en la mayoría de los casos, mejor que la sociología, la antropología o la psicología al individuo y a la sociedad en un momento determinado del tiempo. Puede condensar el pensamiento en sus personajes, o la problemática en su trama e incluso los temores de esa época en una sola línea.
Dependiendo, entonces, para que usemos una obra literaria, podemos explicar sus diferentes análisis o interpretaciones. Tal vez el impacto en la sociedad o que quiso decir el autor con respecto a tal o cual tema, o que sentía si es lo que buscamos, como llegó a esas líneas o porque escogió esas palabras. También debemos tener cierto cuidado con irnos a lo más simple. Existen muchas críticas (Castilla, 2005) acerca de la interpretación proyectiva del autor en sus textos literarios. Pero no dice que no sea válido, dice que muchos se lo toman a la ligera e interpretan de una forma muy vana la personalidad reflejada en distintas obras. A lo cual cualquiera estaría de acuerdo, pero a veces no es tan evidente, mucho psicólogos o críticos lo toman de cierta forma y lo hacen como la interpretación de los sueños, que si bien tiene muchas críticas empeora con su mala utilización y la aplicación de la metafísica como premisa científica, la empeoran con interpretaciones hechas en serie o siguiendo un machote o atinándole a lo primero que piensen, y es claro que el resultado viene siendo una parodia o una vil adivinación esotérica y sin fundamentos.
Derrida en cambio, menciona que los textos son un pequeño y pobre reflejo de la realidad, puesto que la sesgan y muestran una parte incompleta de ella. Es por eso que la deconstrucción la cual menciona puede introducirse en las palabras con las que un libro está escrito y desde adentro lo puede ir destruyendo, o reacomodando dando a la teoría o escrito menor valoro una interpretación diferente, una mínima parte de la realidad que está circundada a un contexto demasiado estrecho y específico. Se mete en la estructura del lenguaje y la puede deconstruir desde su misma base y pilares con los que fue hecha. Interesantemente para el objetivo de este ensayo, Derrida fue muy criticado (Chomsky) y en lo que se basaban para criticar la deconstrucción era en que llevaba mucha parte de la personalidad de Derrida, controvertido autor, así que nadie se salva de proponer su personalidad como punto de partida de sus teorías, hipótesis e historias, aparentemente ni los científicos que tratan de librarse de todo sesgo.
A veces los científicos imprimen su personalidad y se les escapa de la conciencia, muchas veces, que han puesto parte de ellos mismos, incluyendo obsesiones, o formas de realizar los estudios, con toda la noosfera que los rodea. Por ejemplo la diferencia entre los ensayos de los franceses y los ingleses, los temas o las mismas críticas literarias o científicas, son demasiado diferentes, llevan alguna esencia.
A modo de conclusión se puede enfatizar la diversidad de temas e intereses de estudio referentes a la literatura. Podemos buscar estudios psicológicos de la personalidad en las obras, o la trascendencia de la obra en el tiempo, el atino de la obra y la realidad, explicaciones filosóficas por medio de literatura y otras artes, como dice Morin aprender a través del arte. Dependiendo lo que queramos buscar, estudiar o aprehender de el autor y la obra nos podría interesar o no el estudio de la personalidad reflejada en la obra. Dependiendo del motivo de estudio se podrá investigar la proyección del autor en su obra literaria, sin olvidar el hecho de basarse a un método científico para no incurrir en interpretaciones falaces.
• Ayala, Leopoldo. Taller de Lectura y Redacción, Joaquín Porrúa, 1984.
• Castilla, Carlos. 2005 Literatura y psicología. El País (Periódico) fuente: http://www.elpais.com/articulo/opinion/Literatura/psicologia/elpepiopi/19890119elpepiopi_11/Tes
• Huamán, Miguel. 2006 Claves de la deconstrucción, Tesis de licenciatura. fuente: http://sisbib.unmsm.edu.pe/bibvirtualdata/libros/literatura/lect_teoria_lit_ii/claves.pdf
• Morin, Edgar Los siete saberes para la educación del futuro. UNESCO 1999
• Pelechano, Vicente, psicología de la personalidad, Ariel, 1996.
• Sigmund Freud, “25ª conferencia. La angustia”, Obras completas, vol. XVI (1916 – 1917)
• Vayer, Pier. El diálogo corporal, editoriales Dossat, 1995.
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